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Después de la crisis inmobiliaria de los últimos años, la leyenda según la cual invertir en ladrillos es la mejor inversión, a todos no ha hecho plantear su veracidad o bien al menos plantearnos como conseguir que sea rentable la inversión inmobiliaria.

Por lo general el precio de la vivienda no puede superar en el largo plazo a la inflación, pues tienden a aumentar según los costes de construcción más el beneficio económico normal, a excepción de terrenos restringidos. Los excesos suelen corregirse a largo plazo entre las burbujas y crisis inmobiliarias.

Hay un elemento importante que influye en el precio y que tiende a subir, se trata del suelo, no solo su valor antes de construir, si no durante toda la vida de la construcción y más si en el paso de los años se pretende sustituir lo edificado por algo nuevo que se pretenda vender. El suelo aumenta de valor cuando el de al lado está edificado, porque cada suelo es un suelo restringido.

Realmente el suelo es lo que sigue aumentando de valor, todo el resto de la edificación no hace más que devaluarse, por la edad y por el uso.

A la hora de realizar una inversión inmobiliaria hay que tener en cuenta el entorno, la tipología del inmueble (no todos se compra y todo se vende), y sobre todo los ciclos inmobiliarios (bajadas y subidas de precios).

Durante el largo periodo de tiempo en que los precios parecen haber evolucionado suavemente al alza al ritmo del IPC, se han producido ciclos de rápidas subidas de precios y bruscas caídas y posterior estancamiento (salvo excepciones de inmuebles siempre atractivos situados en zonas muy consolidadas y céntricas). Por tanto, comprando el inmueble adecuado en el momento adecuado y en el entorno o sitio adecuado la inversión inmobiliaria tiene garantía de éxito.


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