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Probablemente todos hayamos confundido en alguna ocasión los términos «crédito» y «préstamo» y hayamos dicho eso de «tengo que pedir un préstamo» o «voy a pedir un crédito» creyendo que significaban lo mismo. Lo cierto es que son muy diferentes:

Un préstamo es una operación financiera en la que una entidad o persona (el prestamista) entrega a otra (el prestatario) una cantidad fija de dinero (capital o principal del préstamo) al comienzo de la operación, con la condición de que el prestatario devuelva esa cantidad junto con los intereses pactados en un placo determinado.

Un crédito es una operación en la que la entidad financiera pone a disposición del cliente un capital del que va disponiendo en función de sus necesidades financieras. El cliente únicamente paga intereses sobre la cantidad dispuesta y una pequeña comisión sobre el saido disponible pero no dispuesto.

En el crédito la entidad irá realizando entregas parciales a petición del cliente. Puede ser que el cliente disponga de todo el dinero concedido, o sólo de una parte o nada. Sólo pagará intereses por lo efectivamente dispuesto y no por la totalidad de la cantidad concedida.

Créditos y préstamos son productos que nos permiten conseguir financiación, sin embargo presentan diferencias importantes, que no siempre los usuarios de servicios financieros conocen a la hora de contratar estos productos.

Diferencias entre préstamo y crédito.

 
PRÉSTAMO CRÉDITO
La entidad financiera pone a disposición del cliente que solicita un préstamo una cantidad fija y el cliente adquiere la obligación de devolver esa cantidad más unas comisiones e intereses pactados en el plazo acordado. La entidad financiera pone a disposición del cliente, en una cuenta de crédito, el dinero que éste necesite hasta una cantidad de dinero máxima durante un tiempo, pudiendo hacer varias disposiciones y reintegros respetando la cantidad máxima y plazos acordados.
La entidad concedida se ingresa en la cuenta del cliente de una sola vez en el momento de la firma del contrato entre el prestamista y el prestatario. Al cliente no se le entrega esa cantidad de golpe al inicio de la operación, sino que podrá disponer de ella según las necesidades de cada momento, utilizando una cuenta o una tarjeta de crédito.
El prestatario deberá pagar intereses desde el primer día, calculándose los intereses sobre la cantidad total que se ha concedido. Sólo se pagan intereses sobre el capital utilizado; el resto del dinero está a disposición del cliente pero sin que por ello tenga que pagar intereses.
Suele tener tipos de interés más bajos que el crédito,  el plazo de amortización suele ser largo (hasta 30 años). Los tipos de interés suelen ser más altos que en el préstamo y el plazo de amortización generalmente más corto (unos cinco años).
Está indicado para financiar las necesidades de capital a largo plazo, la adquisición de un inmovilizado o la puesta en marcha de una inversión de cierta envergadura. Generalmente se utilizan por profesionales, empresarios o autónomos, que necesitan liquidez en determinado momentos y que no saben exactamente cuándo ni cuánto van a necesitar.
No admite renovación: al vencimiento del plzao habría que efectuar un nuevo contrato de préstamo. Admite renovación; al término del plazo se puede renovar y ampliar al máximo disponible cuantas veces se necesite.

 


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